Llevo media hora tocándome los huevos en el sofá.
Rascándomelos y hasta masajeándomelos.
La perra me mira con cara de pero te parecerá bonito... Y yo le miro y le digo que qué me va a decir ella que está todo el santo día comiéndose el coño.
Miro hacia el balcón y está cayendo una tromba de agua inmensa.
La ropa que está colgada se está empapando pero me da igual. Es ropa limpia que hace unas horas estaba empapada en la lavadora y hay unos pantalones míos que los colgué porque olían a todo menos a pantalones. No les vendrá mal una pasadita de agua.
La que está como una cabra es mi madre. Se ha ido al supermercado a hacer la compra con este día. A mí me la sopla porque yo no soy el que se moja, pero claro, me tocará bajar a subir bolsas y ahí, sí que me mojaré.
No me llevo las llaves cariño, te toco y bajas...
Esas fueron sus palabras.
No, no. Que no, maldito deprabado. Te toco aaaal interfono y bajas. A eso se refiere siempre.
La perra se levanta para practicar su deporte nacional. Tocarme los huevos.
Pero no ves que llevo media hora haciéndolo yo solito.
Suena el timbre de abajo.
¡Coño! ¡¿Ya?!
Esta mujer... Seguro que se ha olvidado algo, tan rápido...
Nene, ya estoy aquí, acuérdate de coger las llaves que las tengo a saber dónde en el bolso...
Y dale, siempre repitiendo lo mismo.
Abro la cajita de las llaves que tenemos en la entrada y poco más y hay telarañas.
Joder, voy al perchero del cuarto y miro en la chaqueta.
Bolsillo izquierdo, nada.
Bolsillo derecho, nada.
Bolsillo interno izquierdo, una tarjeta de no sé que kebab.
Bolsillo antebrazo derecho, un mechero.
Chaqueta al suelo.
Cojo el abrigo de vestir de tres cuartos.
Bolsillo izquierdo, cinco céntimos.
Bolsillo dere... ¡Timbrazo!
Mamá, ya bajo coño. ¿No me esperaste nueve meses?
Fuiste sietemesino, te recuerdo, anda baja que me empapo.
Bolsillo derecho, nada.
Bolsillo interno izquierdo, pelusa.
¿Dónde coño he dejado las llaves?
La perra se levanta de nuevo y se acerca hasta mí.
Si vienes a ayudar, quédate. Si no es así, vete por ahí, que mal no vives.
Miro en mis bolsillos a la desesperada.
Cojo otra chaqueta y la sacudo a ver si suena algo metálico. Y suena.
Una chapa del Real Madrid. Me cago en Concha Espina, en Casillas, en Raúl Bravo y en Valdano.
Miro en una chaqueta que hace un año que no me pongo, que sé que no van a estar, pero miro.
Nada.
Vuelvo al salón, miro por los muebles, la despensa, la nevera, la bañera y en las ranuras del sofá...
Registro todos los cajones. Registro más cajones que los de la serie El Internado...
¡Timbrazo!
Paso de ir. Miro mis bolsillos de nuevo y descubro un pequeño agujero.
Me quito los pantalones lliscando, me quedo atrapado con mi propio tobillo y me pego una ostia que casi me rompo la cabeza.
La perra se me queda mirando con la cabeza torcida y sin dejar de mover la cola.
¡Ah, te hace puta gracia! ¡Puta perra!
Cómo la tenga ella entre sus juguetes.
Rebusco por su cama y nada.
Me pelo de frío sin pantalones.
¡No me jodas!
Voy a ver en los pantalones que colgué ayer afuera que son los últimos que me puse.
¡Timbrazo!
La perra me sigue. Abro la puerta corredera del balcón y lucho con la perra para que no salga.
Lo último que necesito es la casa empapada y oliendo a perro mojado.
Salgo al balcón y cierro. La alegría nace en mis ojos a pesar de estar duchándome. Ya tengo mis llaves.
Abro la puerta del balcón de nuevo...
No abre.
Mierda. La puerta ha hecho clic. No me jodas.
Tiro con las dos manos pero no. Si hay algo que ha hecho bien el humano, son los cierres de corredera.
Las cajas de los CD's, los lectores de la ps3 y las cuerdas de las persianas, no.
Eso no, pero los cierres de corredera, sí.
Rascándomelos y hasta masajeándomelos.
La perra me mira con cara de pero te parecerá bonito... Y yo le miro y le digo que qué me va a decir ella que está todo el santo día comiéndose el coño.
Miro hacia el balcón y está cayendo una tromba de agua inmensa.
La ropa que está colgada se está empapando pero me da igual. Es ropa limpia que hace unas horas estaba empapada en la lavadora y hay unos pantalones míos que los colgué porque olían a todo menos a pantalones. No les vendrá mal una pasadita de agua.
La que está como una cabra es mi madre. Se ha ido al supermercado a hacer la compra con este día. A mí me la sopla porque yo no soy el que se moja, pero claro, me tocará bajar a subir bolsas y ahí, sí que me mojaré.
No me llevo las llaves cariño, te toco y bajas...
Esas fueron sus palabras.
No, no. Que no, maldito deprabado. Te toco aaaal interfono y bajas. A eso se refiere siempre.
La perra se levanta para practicar su deporte nacional. Tocarme los huevos.
Pero no ves que llevo media hora haciéndolo yo solito.
Suena el timbre de abajo.
¡Coño! ¡¿Ya?!
Esta mujer... Seguro que se ha olvidado algo, tan rápido...
Nene, ya estoy aquí, acuérdate de coger las llaves que las tengo a saber dónde en el bolso...
Y dale, siempre repitiendo lo mismo.
Abro la cajita de las llaves que tenemos en la entrada y poco más y hay telarañas.
Joder, voy al perchero del cuarto y miro en la chaqueta.
Bolsillo izquierdo, nada.
Bolsillo derecho, nada.
Bolsillo interno izquierdo, una tarjeta de no sé que kebab.
Bolsillo antebrazo derecho, un mechero.
Chaqueta al suelo.
Cojo el abrigo de vestir de tres cuartos.
Bolsillo izquierdo, cinco céntimos.
Bolsillo dere... ¡Timbrazo!
Mamá, ya bajo coño. ¿No me esperaste nueve meses?
Fuiste sietemesino, te recuerdo, anda baja que me empapo.
Bolsillo derecho, nada.
Bolsillo interno izquierdo, pelusa.
¿Dónde coño he dejado las llaves?
La perra se levanta de nuevo y se acerca hasta mí.
Si vienes a ayudar, quédate. Si no es así, vete por ahí, que mal no vives.
Miro en mis bolsillos a la desesperada.
Cojo otra chaqueta y la sacudo a ver si suena algo metálico. Y suena.
Una chapa del Real Madrid. Me cago en Concha Espina, en Casillas, en Raúl Bravo y en Valdano.
Miro en una chaqueta que hace un año que no me pongo, que sé que no van a estar, pero miro.
Nada.
Vuelvo al salón, miro por los muebles, la despensa, la nevera, la bañera y en las ranuras del sofá...
Registro todos los cajones. Registro más cajones que los de la serie El Internado...
¡Timbrazo!
Paso de ir. Miro mis bolsillos de nuevo y descubro un pequeño agujero.
Me quito los pantalones lliscando, me quedo atrapado con mi propio tobillo y me pego una ostia que casi me rompo la cabeza.
La perra se me queda mirando con la cabeza torcida y sin dejar de mover la cola.
¡Ah, te hace puta gracia! ¡Puta perra!
Cómo la tenga ella entre sus juguetes.
Rebusco por su cama y nada.
Me pelo de frío sin pantalones.
¡No me jodas!
Voy a ver en los pantalones que colgué ayer afuera que son los últimos que me puse.
¡Timbrazo!
La perra me sigue. Abro la puerta corredera del balcón y lucho con la perra para que no salga.
Lo último que necesito es la casa empapada y oliendo a perro mojado.
Salgo al balcón y cierro. La alegría nace en mis ojos a pesar de estar duchándome. Ya tengo mis llaves.
Abro la puerta del balcón de nuevo...
No abre.
Mierda. La puerta ha hecho clic. No me jodas.
Tiro con las dos manos pero no. Si hay algo que ha hecho bien el humano, son los cierres de corredera.
Las cajas de los CD's, los lectores de la ps3 y las cuerdas de las persianas, no.
Eso no, pero los cierres de corredera, sí.
Aparece mi madre cargada como una mula, con sus llaves en la boca y mirándome como si no supiera a quién estaba viendo ahí fuera, calado de frío y en paños menores.
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